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“Esto antes no era una escuela, eran un galpón de gallinas”

Mocoa, Putumayo. Después de una hora y media de vuelo y dos horas por carretera llegamos a Medio Afán, una vereda perteneciente al municipio de Mocoa, capital del Putumayo, hogar de la comunidad indígena yanacona del cabildo Yachay Wasi.

Esta comunidad por varios años ha sido ejemplo de superación, pues a pesar de las circunstancias ha creado su propia escuela etnoeducativa, llamada Desayok Yanacona, en la cual enseñan todas sus tradiciones culturales y materias básicas de primaria en su lengua nativa y español.

Anteriormente, los estudiantes tenían que recibir sus clases en un galpón de gallinas, con malos olores y en un espacio reducido, pero esto no era excusa para no seguir estudiando y aprendiendo.

Estas dificultades que los pequeños vivieron quedaron en el pasado, ya que por fin tienen salones y espacios de recreación dignos de un colegio de primer nivel, que les permite recibir clases cómodamente, y todo esto se ha logrado con recursos de regalías.

Stefanía Briyit Muñoz Chimburazo, estudiante de esta escuela, cuenta cómo eran antes las clases y cómo son ahora:

“Antes era muy difícil porque nos tocaba enfrentarnos a varias cosas, cuando llovía se inundaba el salón y no podíamos trabajar porque se nos mojaban los pupitres y los cuadernos; muchas veces el profesor cancelaba las clases y cuando hacía mucho viento se volaban las hojas de zinc y nos tocaba salir corriendo”.

Y agrega: “Ahora ya tenemos salones con buenos techos y paredes de concreto y eso nos gusta, aprendemos más, ahora con la nueva cancha y los nuevos salones ya vendrán niños de otras veredas porque ya tienen un lugar donde aprender con seguridad”.

María Magdalena Pujimoy, una de las primeras madres que trajeron a sus hijos a aprender en esta institución recordó cómo estudiaban sus hijos cuando estaban pequeños y cómo estudian ahora sus nietos: “Mis hijos fueron de los primeros alumnos en esta escuela; era un galpón donde criaban pollitos, los niños llegaban después de clases sucios y cansados, a veces aburridos, antes era difícil enviarlos a la escuela. Ahora mis nietos tienen más comodidades, tienen salones grandes y ventilados donde no se les entra el agua y ya les gusta ir a la escuela”.

A su vez, los profesores expresan cómo estas nuevas instalaciones han permitido recibir a alumnos de otras veredas y cómo esto es gratificante para sus labores.

“En un principio comenzamos en una caseta, el piso era en tierra agrietada y los pupitres eran en muchas ocasiones unas piedras con palos atravesados, había dos palos parados donde amarrábamos un tablero pequeño de tiza y ahí hacíamos nuestras clases; aunque no crean, esta fue una experiencia que nos ha permitido ser fuertes”, dice Jhon Anacona, docente de la institución etnoeducativa Desayok Yanacona.

“Ahora vemos que estos pequeños están más motivados a estudiar y se dan cuenta de que el único camino para salir de las condiciones precarias es estudiando, y acá ya encuentran un lugar en el que puede sacar todo su potencial”, agrega el profesor.

Por su parte, el alcalde de Mocoa, José Antonio Castro, dio detalles de cómo se logró construir este proyecto que beneficia a más de 30 niños de esta comunidad indígena.

“Este es un proyecto con enfoque diferencial para la comunidad indígena yanacona y ha sido un acierto para que los niños vuelvan a estudiar, porque no tenían escuela digna. Se invirtieron $504 millones en la construcción de dos aulas, un polideportivo y la entrega de útiles escolares, cosas positivas que despiertan el interés de los padres de otras veredas indígenas para que sus hijos asistan a esta escuela”.

Los planes de esta institución son ampliar sus instalaciones para brindar educación a más de 80 niños, bridándoles no solo educación, sino también ayuda alimentaria y psicológica.

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“Esto antes no era una escuela, eran un galpón de gallinas”

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